Modernizar y globalizar parecen ser los objetivos centrales de las políticas que han asumido los gobiernos de los países Centroamericanos. Ambos son concebidos como parte de un mismo proceso: rechazar las intervenciones, calificadas como "ilegítimas", del Estado en la economía y eliminar los obstáculos a lo que se llama la acción de libre mercado, que se supone es posible lograr.
Privatizar, desregular, abrirse a la competencia externa, son vistas y presentadas por la mayoría de gobiernos y gremiales de las grandes bancos como "medidas técnicas", desprovistas de contenido político, capaces de poner a nuestras economías en ruta del desarrollo y la equidad, después de lo que se califica como fracaso de las políticas "estatistas" vigentes entre el fin de la segunda guerra y el decenio recién pasado.
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